sábado, 22 de noviembre de 2014

Relato ganador de 4º ESO en el certamen literario sobre la Infancia


Ana Julia Alonso Ramírez, 4ºB

“Alteas teñidas de rojo”




“Alepo, una ciudad como cualquier otra de Siria, con calles donde se pueden ver reflejados dos mundos distintos nada más doblando una esquina. Cuando sales de la ciudad solo queda arena y los llantos reflejando la angustia que sienten los habitantes del barrio mendigo. Entre muchas de las familias residentes allí, se encontraba la familia Abu-Abbal.

Abaid y Saray eran los padres de Nazala, una niña soñadora de nueve años, cuya pasión era expresar sus sentimientos a través del arte. Era extraño verla sin una ramita a modo de lápiz y algún dibujillo a sus pies.





Cada mañana, la familia partía al centro de Alepo donde había una fábrica de textiles en la cual tenía la suerte de trabajar el padre. Mientras Abaid trabajaba en condiciones inhumanas, Saray y Nazala se separaban para probar suerte rebuscando en la basura de alguna familia adinerada. Con suerte encontraban algo que podían vender en las calles o llevarse a la boca.

Era un día como otro cualquiera, acababan de llegar a la puerta de la fábrica. Nazala siempre despedía a su padre con un emotivo abrazo susurrándole al oído un “te quiero papá”. Allí se separaron, como era de costumbre, madre e hija y empezaron su exhaustiva búsqueda rutinaria.


 


La niña, cansada de haber estado caminando horas, decidió sentarse apoyada en la pared. Absorta en sus pensamientos empezó a dibujar una bonita flor que su madre solía traerle por su cumpleaños. Nazala movía sus dedos con tanta agilidad que parecía que tenía la flor delante como modelo.

De repente empezó a sentir una cálida respiración en su hombro. Alarmada, se giró rápidamente y descubrió el rostro pintoresco de un artista:

  Bonito dibujo - dijo el pintor.
  Es una altea, mi flor favorita.

Acto seguido, el pintor sacó su cuaderno de dibujo y un lápiz. Nazala, expectante, no apartaba la vista de las primeras líneas de ese dibujo. Cuando terminó el boceto, la niña se quedó sin palabras, sólo se dedicó a abrir sus ojos color azabache admirando el dibujo. Con un movimiento suave y cariñoso, el hombre le puso sobre sus rodillas el cuaderno abierto por la página del boceto y un lápiz. Él se levantó, se sacudió la arena de sus impecables pantalones y se fue.

Nazala corrió con impaciencia para contarle lo ocurrido a su madre aferrándose al cuaderno con fuerza para que no se le cayera. Era la niña más feliz del mundo. Encontró a su madre rebuscando en un cubo de basura de un callejón al lado de la fábrica.

 ¡Mamá, mamá! ¡Mira lo que me ha regalado un pintor!- exclamó con entusiasmo mostrándole el boceto y el lápiz.




  Nazala, mi pequeña soñadora, este cuaderno te puede hacer volar con simplemente unos trazos a lápiz. ¿Sabes lo que significa tu apellido? 


La niñita negó con la cabeza.


- Significa intérprete de sueños, puedes interpretar tus ilusiones, tus recuerdos y hacer que se conviertan en arte... Pero no puedes aceptar este regalo, un cuaderno es muy caro y puede que a ese artista le haga más falta que a ti.

Nazala desilusionada, abrazó fuertemente a su madre y con lágrimas en los ojos le susurró al oído:



 Te quiero, mamá, voy a ir a devolverle el cuaderno lo antes posible.

 Ten mucho cuidado, cariño – dijo Saray con dulzura.

Rápidamente Nazala echó a correr, dobló la esquina y empezó a recorrer calle arriba para encontrar a aquel hombre. En aquel instante, se escuchó un estruendo que venía de la calle de la fábrica de textiles. Tan grande fue el ruido que la niña se cayó al suelo golpeándose el brazo con el borde de la acera. Fue una explosión. Se incorporó y dirigió la mirada a la gran humareda.


 


“Papá, mamá...” pensó. El miedo y la preocupación impulsaron a sus pies descalzos al lugar de la catástrofe. Cuando llegó solo pudo ver desesperación y personas recubiertas de sangre y ceniza en el suelo. Entre los escombros distinguió una mirada que le inspiraba tranquilidad, la de su madre. Nazala con lágrimas en los ojos se acercó corriendo y gritaba sacudiendo el cuerpo violentamente:

   ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Despierta!

 

De repente un policía la cogió en brazos, la llevó al callejón donde minutos antes había abrazado con tanto amor a su madre y le dijo:


   Aquí estarás segura. No te muevas de aquí. Dentro de una hora te vendré a buscar y te llevaré a casa. Si tienes miedo piensa en cosas bonitas ¿vale?

Nazala asintió.

Se acurrucó temblando en el fondo del callejón, recordó lo que su madre le había dicho antes de que se separaran: “Puedes interpretar tus ilusiones, tus recuerdos y hacer que se conviertan en arte.” La niña se levantó y con su dedo empezó a dibujar con las cenizas y el barro teñido de rojo que había en el suelo las siluetas de sus padres. A su madre le dibujó una altea en el pelo y a su padre una sonrisa de oreja a oreja. Ella se acurrucó afligida entre la silueta pintada, con los pies llenos de heriditas y las rodillas y codos ensangrentados, decidió no moverse.



 



Nazala sabía que sus padres habían hecho todo lo posible para darle una buena infancia. Era feliz.Nunca se había parado a pensar lo agradecida que estaba hacia ellos.

Perdida en los momentos felices de su familia que tenía metidos en la cabeza, se quedó dormida con lágrimas en los ojos.

Unos minutos después, explotó una bomba en el edificio de al lado. Los escombros llovieron encima de ella. Nunca volvió a abrir sus ojos azabache.“







En países como Siria, la infancia de millones de niños se ve afectada por alguna tragedia, por la pobreza; pero nuestra ignorancia es tan grande, que hace que sus historias caigan en el olvido.

Sé que con nuestra edad solo podríamos aportar un granito de arena que nos parece insignificante, pero, si todos aportamos nuestro granito de arena ¿lograríamos algo?









viernes, 14 de noviembre de 2014

PRIMER PREMIO DEL XIII CERTAMEN LITERARIO "SOLIDARIDAD EN LETRAS"

El primer premio del XIII Certamen literario "Solidaridad en letras" que organiza la Junta de Andalucía este año ha sido para una alumna de nuestro centro, Lucía Alonso Ramírez, de 2º B. Toda la comunidad educativa está muy orgullosa de ella. Por eso queremos felicitarla y dejaros aquí su texto para que todos podamos disfrutar de él. 
Gracias, Lucía.



EL VOLUNTARIADO: EL ESPEJO DE LA SOLIDARIDAD
(CUATRO HISTORIAS)



 La historia de Ana

Mi nombre es Ana, recientemente he cumplido noventa y tres años.

Mi familia me abandonó tiempo atrás, cuando mis articulaciones comenzaron a flaquear.
Mi brazo no alcanza a sujetar la alcachofa de la ducha y tiendo a perder el equilibrio con frecuencia. Tampoco cocinar es tarea fácil. Mis pies ya no soportan tanto peso y mi paladar no funciona como antes.


 



Mi marido murió, dejándome viuda y mis hijos están todos esparcidos por el mundo por sus trabajos y razones familiares. Fue entonces cuando mi vida se volvió triste, aburrida y solitaria.

Pero un día que intentaba llevar unas bolsas de naranja a mi casa, una joven muy amable me ayudó a llevarlas. Nos quedamos hablando, y, cuando se iba a ir, le hice prometer que volvería. Y lo cumplió.




Hoy en día, sigue viniendo para hacerme la comida, cuidar de mí y hablar sobre nosotras.

Me hizo feliz el resto de mis días.

Con amor:
                                               Ana



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 La historia de Zaira

Ayer vino la policía, otra vez, para avisarnos de que si no abandonábamos nuestra casa en una semana, nos desahuciarían. Esa noche nadie pudo dormir, ni mi madre, ni mi padre... ni yo.

A mis dieciséis años de edad, vivo en un apartamento, propiedad del banco, asustada de que. algún día, tendré que vivir en un albergue, o mucho peor, en la calle.




Por las mañanas. voy a una escuela pública a diez minutos de mi casa. Pero cuando es la hora del almuerzo, tengo que reprimir el hambre, ya que con un trozo de pan no se apacigua un estómago.

Mi madre y mi padre me dan más comida y, a veces, oigo el rugir de sus barrigas por la noche.

Están intentando encontrar trabajo, pero son tiempos difíciles.

Cortaron la luz y el agua hace días y eso hace que la vida sea aún más dura. Vivimos sucios, a oscuras y con miedo de que nos echen a patadas de nuestro hogar.

Hoy por la mañana, llamaron a la puerta. Temiendo que fuera la policía, me escondí bajo la mesa mientras temblaba. 






A los diez minutos, se asomó un rostro familiar y me levantó con cuidado. Era una de mis profesoras del instituto. Traía comida y una buena noticia: había alquilado nuestra casa para que pudiéramos quedarnos.

Gracias a su buen corazón:
                                                Zaira


  
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  La historia de Yaiza

Me llamo Yaiza, mañana cumplo seis años.

Cuando mamá aún me llevaba en su barriguita, se escapó de su país para no ver más a papá, dice que no era un buen hombre.

Para venir a España, tuvo que cruzar una cosa que ella llama “el Estrecho”.
Pagó a un hombre para que le prestara su barquita que compartió con once personas más.


 


Había muchas olas y no recuerdo salir, pero mamá dice que no quería perderme a los peces nadando, así que nací allí.

Al llegar al otro lado,había muchos hombres de azul, que querían que nos marchásemos.
Mi madre estaba asustada, perdida y confundida.

Pero una mujer bajita, nos llevó a un hospital y nos recuperamos del viaje. Nos informó de que ella nos daría salud, y a mí, una educación.






Ella es mi mejor amiga:
                                               Yaiza



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   La historia de Fernando

Me llaman Fernando,
humilde y leal.
Mas hace unos años
perdí mi hogar.

Me tomaban por loco
porque en prosa
me negué a hablar.

Así que relato mi historia
con belleza y verdad:

En la calle viví
desde que era un crío.
En la calle viví
acostumbrado al frío.




Poeta fui en mi juventud
escribiendo dulce poesía
bajo una farola y su luz.

Hambriento, limosna pedía.
Todos ignoraban al mendigo,
sumergidos en sus vidas.
Pero él seguía, limosna pedía.




En una de estas,
un papel verde tiraron,
¿acaso fue la mujer
o el dinero, el milagro?

Asustada no se sentía,
manejando las palabras
creando sutiles rimas.

Me prometió bebida y sustento,
amor y dinero,
y lo mejor de todo
un cálido techo.

Me enamoré de ella,
como el que lee un poema,
por sus giros y sus rarezas.

Cumplió su promesa
y me hizo feliz.
¡Qué gran placer descubrir
que hay personas como ella!




Heroína en vaqueros
con corazón de guerrera.
                                               Fernando



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Estas han sido algunas de las muchas personas a las que he ayudado a lo largo de mi vida.

Aparte de ser voluntaria, soy profesora de lengua y literatura en un instituto de Cádiz.

Me alegra saber que ahora se encuentran bien y que no volverán a pasarlo mal.

Ana murió hace tres días. Yo misma organicé su funeral con su hijo mayor.
Todos lloramos y nadie bebió ni una gota de alcohol, ya que por eso murió su marido, que en paz descanse.

Sigo en contacto con la familia de Zaira. Su padre por fin ha encontrado un trabajo como socorrista en una piscina. Me han intentado devolver el dinero, pero lo he rechazado.

Nunca me pierdo la oportunidad de ver a Yaiza. Siempre me recibe con una gran sonrisa y un abrazo con esos brazos tan cortitos y morenos.

Vivo con Fernando, y he descubierto que su alma vive para y por la escritura. De vez en cuando, llevo sus poemas a la editorial del periódico y los publican en sus ejemplares.





Nunca los olvidaré:
                                   Blanca.

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Lucía Alonso Ramírez


I.E.S Sancti Petri     2º ESO B